La noticia de ayer ha sido que cerrarán la Berna. Esa mítica panadería del centro histórico donde todos decían ir por su comida y licuados. Según noticias, tiene 8 procesos abiertos por no emitir factura. Eso se sanciona con multa, primero, cierre temporal luego y cierre definitivo. 

La Berna está sujeta al proceso por su fama, más que por otra cosa. Esas medidas de cierre son para ejemplificar, para poner en la mira, para asustar. Con esos cierres se busca que la gente se asuste y emita facturas. No es una medida que verdaderamente incida en la recaudación. Para ello hay formas más efectivas como las determinaciones sobre base presunta, es decir que SAT llega y al ver que alguien no está facturando, le hace un cálculo basado en índices, promedios, movimientos de inventario, capacidad del local, etc, y le notifica cuánto debe… por los últimos 8 años. 

El cierre tampoco combate la informalidad como tal, pues en el paseo la sexta SAT debería haber “cerrado” a los bochincheros aquellos que a “morongazos” se enfrentaron al alcalde y sus fuerzas. Esos vendedores nunca dan factura, pero tampoco nunca son perseguidos por SAT. 

Es así que los amantes del pan y licuarde piña se quedarán sin la Berna, pero el efecto será llorar con nostalgia pues la medida no permite realmente que pase a más. 

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