Una realidad imposible de negar: el mundo tiene más habitantes que tú. 

Estamos en esa época del mes que se aglomera la gente en todos lados. Todos quieren pasar, estacionarse, comprar o vender algo. Esas interacciones forzadas en espacios reducidos requieren el ejecicio de un grado de civilización mayor al que usualmente nos exige la vida. 

Recientemente, en un estacionamiento de un centro comercial, me sucedió la escena típica de la falta de civilización de la época. Al estar lleno el parqueo, empieza uno a dar vueltas hasta que venadea que alguien ya se va. Encontré al señor con carreta aproximándose a su carro, por lo que me acerqué en el mío, encendí mis luces de emergencia y me puse a esperar hecho a la derecha, de modo que pudieran pasar los carros a mi izquierda. De repente, al rato, un carro se coloca a mi izquierda, pone sus luces de emergencia y descarga a su gente. Bloquea el paso y que queda zampado a allí. El “poli” del lugar me dice “siga pasando” a lo que incrédulo le pregunto “¿cómo así si yo estoy esperando al señor que está llenando su carro, pero es el orangután de al lado el que vino después?” 

En historia corta, el tipo no se movió y no dejó pasar a nadie. Por suerte otro carro salió y pude estacionar y liberar el paso, no sin antes pensar que posiblemente los neandertales se extinguieron en épocas navideñas por no ceder el paso…

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