No sé si es una cualidad o un defecto, pero me encanta “adueñarme” de los lugares. MI universidad, MI compañía, MI escuela de circo, MI estudio y cuando me refiero a las actividades que se hacen, hablo en plural: “nosotros”, “nuestro”.

Para mí, es una buena señal. Significa que me siento cómoda en el lugar tanto como para hacerlo mío. Me gusta involucrarme, hacer mejoras, platicar con quien administra el lugar y proponer ideas. Conseguir cosas que puedan servir, ayudar a quienes asisten, dar información a visitantes, etc.

Mi último proyecto en mente, es “adueñarme” de un espacio en la escuela de circo, instalar mi pole, ir a entrenar y de ser posible (si me dejan) y necesario (si hace falta), invertir mi tiempo en dar clases allí 😀

Ya no sé cuántas veces algunos de mis cercanos me han criticado porque dicen que me involucro demasiado. Y yo creo que a la gente lo que le hace falta es involucrarse más.

Esa falta de sentimiento de pertenencia es la que nos tiene como nos tiene: que alguien más lo haga, no es mío, a mí que me importa, no es mi problema, no me pagan por hacer eso.

Adueñarme, adueñarse, adueñarnos.

Si encontráramos un lugar que nos hiciera realmente feliz, un lugar con el cual identificarnos, que nos apasionara, nos hiciera sentir plenos tanto como para “adueñarnos”, creo que experimentaríamos más este sentimiento de pertenencia.

Ojalá un día nos pasara eso con nuestro país. Ojalá un día nos importe y lo hagamos nuestro, nos involucremos y lo mejoremos. Nadie más lo hará por nosotros. Pero empecemos por adueñarnos de los lugares donde estamos día a día: nuestra casa, nuestra colonia, nuestro comité único de barrio, nuestro trabajo, nuestro departamento.

Pero si ni a ese nivel somos capaces de involucrarnos, menos lo haremos con las causas que afectan a nuestro país.

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