Hay que decirlo. El público nacional es una audiencia difícil. Ya lo hemos mencionado hasta el cansancio: no le gustan las “venues”, le incomodan los precios de las entradas (pero esto solo aplica para el nacional, con el artista “de afuera” puede gastarse medio salario que no hay problema), le indignan los cobros sobre el ticket, anda pidiendo entradas gratis con organizadores, se salta hacia localidades más caras sin haberlas pagado (esto es robar amigos, no le llamemos de otra forma), y después de la presentación se queja por lo caro que estaba la comida, porque la banda que le gustaba “solo” tocó música nueva y no las “buenas” o porque tocó “solo” una hora y no un show de dos horas, alega porque las bandas que no le gusta tocaron demasiado o porque los organizadores no debieron jalarlas… ¿seguimos?

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¿Se acuerdan cuánta gente fue a ver esta leyenda del Rock?

Al guatemalteco promedio parece que hay que rendirle pleitesía por el “lujo” que le merece ir a un concierto. Pareciera que se tratara de un favor que él le hace al artista, al organizador y al patrocinador. Requiere una serie de exigencias pero cuando vemos su comportamiento en el toque, es lamentable, triste y mediocre.

¿Por qué estamos dispuestos a pagar entradas ultra-mega-doradas VIP por Q2,000 para un artista X de afuera pero cuando se trata de una banda local nos ofende pagar Q25 de cover? ¿Por qué muchos pretenden colarse de una localidad barata a una cara y presumir cuando lo hacés, o peor aún, alegar que los de seguridad son unos abusivos cuando vos sos el que te estás robando la entrada a otra localidad? ¿Por qué tiramos vasos de cerveza al escenario o llegamos tarde a los conciertos para no oír al telonero? ¿Por qué cada vez que se anuncia una fecha de un concierto surgen todos los amigos de los organizadores que quieren una entrada de gratis, por el simple hecho de ser cuates? ¿Por qué cuando una banda local lanza un disco (que requirió una gran inversión, mucho esfuerzo y logística) siempre aparece el “amigo” que cómo apoya y te pide una copia de regalado?

La ecuación es muy sencilla: si el público no quiere gastar en la entrada, el organizador o el mismo artista no gana dinero. Esto significa que o se dedica a otra cosa o cada vez irá reduciendo su actuar a solamente hacer conciertos de lo que sabe que funciona, lo mismo de siempre, los mismos artistas que ya les falta poco para solicitar su DPI de tantas veces que han venido al país.

Debo hacer la comparación innegable. Llevo coordinando 4 conciertos en El Salvador en lo que llevo con Alux, y allá, las divisiones entre el espacio VIP y gradas es apenas una malla que no es ni alta ni cubre todos los espacios. De hecho, los elementos de seguridad son muy pocos y muy relajados. Sin embargo, nadie se anda colando, nadie anda viendo cómo pasarse a un lugar por el que no pagó, ni los vemos quejándose porque tuvieron que conducir 60 kilómetros fuera de la ciudad para ver a su banda favorita. Si se usara la misma logística en Guatemala, sería un caos total o llegaría la mitad de las personas porque “muy lejos”, “muy complicado” o “muy caro”.

Al final, el punto de esta entrada es que entendamos que la falla está en nosotros mismos como audiencia. No hay respeto por la autoridad ni por los organizadores. Ni siquiera por el artista que decimos apoyar. Y con esa actitud, estamos muy lejos de gozar de más y mejores conciertos.

2 Comentarios

  1. Tu punto de vista es muy interesante
    Resumiste la conducta de mucho en este artículo.
    A veces no necesita ir aver un artista famoso, para comprender lo interesante que es la vida, como tampoco pagar algo exagerado por una artistas (eso es para bebidas con los cuates). Jajajaja éxitos

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