Habemos muchos que abogamos y pedimos más espacios para el arte en este país. Y no me refiero a que aparezcan en medios (cosa que ya es relativamente frecuente) sino a la existencia de verdaderos espacios, con los requerimientos necesarios para la apropiada apreciación de las diferentes formas de arte. En este país, es evidente, el artista tiene que luchar casi a la fuerza por ganarse un espacio, porque su obra sea apreciada y muchas veces el público permanece apático sin saber cómo reaccionar ante el mensaje. Aquí, las mayorías han sido adormecidas a punta de “Combate”, telenovelas y entretenimiento del más básico.

¿Son famosos por buenos o por otra cosa?

Como diría un amigo, “nivel de país donde es más conocido un diputado que un artista”. Y aunque en la superficie no pareciera tan grave dicha afirmación, la verdad es que lo es, y mucho. ¿A cuántos diputados podrían nombrar sin pensarlo mucho? ¿Más de 30 o 40? ¿Y se acuerdan de ellos debido al ejemplar trabajo que han hecho o porque se han visto involucrados en escándalos de corrupción y bochornos? Ahí tienen, en este país le dedicamos 15 o 20 páginas a la sección de “Nacionales” cuando en realidad solo se enumeran casos de corrupción, declaraciones sinvergüenzas de los funcionarios y asesinatos. Y es de todos los días sin falta. En contraste, apenas tenemos 4 páginas de cultura, que en realidad cada vez se convierten más en notas de “Farándula”: que si se casó no sé quién, que si estornudó Arjona o que conozcamos al extra de X película que es de ascendencia guatemalteca.

Podría enumerar las decenas de lanzamientos discográficos, los cientos de sencillos digitales (porque no son radiales) y muchas otras actividades del medio musical guatemalteco que pasan desapercibidos por el público. Sí aparecen en los medios, y conozco y reconozco la gran labor de muchos colegas periodistas que viven buscando esas noticias positivas de Guatemala, pero en la definición de la agenda, un artista nacional no ocupa ni la mitad del espacio que las novedades sobre el divorcio de Brad y Angelina. ¿Qué es más importante para la vida del lector guatemalteco, saber detalles de un divorcio de dos millonarios que no conoce o las opciones para ver buen teatro este fin de semana?

Aquí cobra importancia la “agenda setting” y la manera en cómo los medios de comunicación pueden convertir a través de su cobertura en temas de importancia nacional algo que actualmente es ignorado. Y a su vez, la misma audiencia podría influir e incidir en sanear nuestros espacios de información.

¿Será que soy muy idealista?

 

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